Quien haya visitado Venecia se ha encontrado en algún momento, sin lugar a dudas, con un personaje omnipresente en la ciudad de la laguna: el león alado. Pero, ¿cuál es la relación que une a esta ciudad con el león?

¿Qué es lo que vincula tan íntimamente a este personaje con la ciudad, tanto que uno no puede evitar encontrárselo en cualquier rincón, monumento, iglesia o fachada?

El león alado no es ni más ni menos que la representación del evangelista San Marcos. Según la simbología de la iglesia cristiana, el tetramorfos es la representación de los cuatro evangelistas, a través de cuatro criaturas: el león alado representa a San Marcos; el toro, a San Lucas; el ángel, a San Mateo, y el águila, a San Juan.

Digresión: ya hablaremos del arte románico catalán. Por lo pronto, saber que la imagen más famosa de este arte es, probablemente, el Pantocrátor de Sant Climent de Taüll. Taüll es el pueblo. Sant Climent es el santo, y también es la parroquia cuyo cementerio citamos cuando hablamos de los cementerios de Barcelona. El Pantocrátor es una pintura que se encuentra en el ábside de la iglesia de Sant Climent. Es una imagen de Cristo, inspirada en un párrafo del Apocalipsis, donde Cristo está con su mano derecha el alto, mostrando tres dedos (la trinidad), y con la izquierda sostiene un libro que dice “yo soy la luz del mundo”. Está sentado sobre el mundo y rodeado de las cuatro representaciones de los evangelistas (el tetramorfos): león, toro, ángel y águila. También aparecen las letras alfa y omega: la primera y la última del alfabeto griego, simbolizando que Él (Cristo) es el principio y el fin de todas las cosas. Alguna vez hablaremos también de la bandera asturiana, pero ahora volvamos a Venecia…

 

Es momento de repasar un poco de historia. Venecia creció a la sombra de Bizancio, cuando el Imperio Romano de oriente aún era un imperio, antes de que los ejércitos musulmanes derrotaran la hegemonía cristiana en aquellas latitudes. Y Bizancio había “concedido” a Venecia como patrono de la ciudad a San Teodoro. Sin embargo, cuando el Imperio Bizantino cayó en decadencia, Venecia no tardó en buscarse un nuevo patrono, menos relacionado con Grecia que San Teodoro.

Poco tardaron los venecianos en idear el plan: cuenta la leyenda que, aún en vida, San Marcos naufragó muy cerca de Venecia, y que cuando se debatía entre la vida y la muerte, se le apareció un ángel y le dijo: “Pax tibi Marce, meus evangelista. Hic requiescet corpus tuum”, cuya traducción sería: “La paz sea contigo Marcos, mi evangelista. Tu cuerpo descansará aquí”.

Digresión: en las representaciones del león alado, este suele aparecer con un libro abierto en el que puede leerse la frase “Pax tibi Marce, evangelista meus“.

Así pues, en el siglo IX, unos mercaderes venecianos, amparados en esta leyenda, robaron las reliquias de San Marcos en Egipto -dicen que cubiertas con carne de cerdo, para evitar que el ejército musulmán revisara el cargamento-, trajeron los restos de San Marcos a Venecia y los entregaron al Dogo, máximo gobernante de la República (y no a la iglesia, como era habitual hacer con las reliquias de santos). Eso implicó que San Marcos no sólo fuera adoptado como un patrono religioso sino también como representante de la ciudad misma. Tanto es así que en muchos cuadros y monumentos pueden verse representados a los diferentes Dogos que gobernaron Venecia, arrodillados y jurando lealtad al león, en representación de su fidelidad a la República.

Digresión: el magnífico pintor veneciano Tintoretto inmortalizó esta leyenda en uno de sus lienzos, en el que puede verse a los mercaderes robando los restos del santo.

 

La Basílica de la ciudad fue construida para albergar los restos de San Marcos, y desde entonces Venecia comenzó a ganar fama como punto de peregrinación (¡recordar que, en esas épocas, poseer reliquias de santos daba mucho prestigio a una iglesia! Ya hablaremos de Santiago de Compostela uno de estos días…).

Todavía hoy, cada vez que visitamos Venecia, no podemos evitar detenernos en la magnífica Piazza San Marco y, mirando hacia la laguna, de espaldas a la basílica, contemplar frente a nosotros las dos columnas que definen el skyline de la ciudad: sobre una de ellas, San Teodoro con un dragón a sus pies. Sobre la otra, el león alado, símbolo por excelencia de la ciudad de Venecia.