“Mallorca es un lugar muy parecido a la felicidad”, escribía Jorge Luis Borges allá por 1920. Creo que no se equivocaba…

Palma de Mallorca desvela poco a poco al visitante los secretos que la historia ha guardado celosamente entre las piedras de sus calles. Ostenta uno de los cascos antiguos más extensos y mejor conservados de Europa, al que las distintas culturas le fueron dando un carácter único.

Cuenta la historia que los primeros habitantes conocidos de la isla eran expertos honderos cuya puntería les valió un puesto privilegiado a las órdenes de Aníbal en las Guerras Púnicas. La leyenda popular dice que en aquellas tribus los padres alimentaban a sus hijos colgando la comida de las palmeras, para que estos se vieran obligados a practicar con sus hondas. La leyenda cuenta también que el mismísimo Aníbal era oriundo de Mallorca. En cualquier caso, ambas cosas son, hoy por hoy, difíciles de demostrar o de contradecir.

Los romanos invadieron las islas en el año 146 aC, derrotando a los cartagineses. Durante los siguientes cinco siglos erigieron lo que sería la provincia Baleárica. En el 425 llegaron los vándalos, pocos decenios después, los bizantinos. La siguiente civilización que dejaría una huella indeleble en la isla fue la musulmana. Los árabes llegaron a esas tierras en el año 902 y gobernaron las islas como parte del Emirato de Córdoba, hasta 1229, cuando Jaime I de Aragón asedió y conquistó Medina Mayurca, actual Palma de Mallorca.

Todas estas civilizaciones dejaron su impronta tanto en las piedras que aún hoy podemos ver en el casco antiguo de la ciudad como en los nombres y en el habla. El nombre de Palma, por ejemplo, es una herencia de la civilización romana. Fueron ellos quienes llamaron así a la ciudad, evocando la palma de la victoria, después de los muchos esfuerzos que había costado la conquista de la principal ciudad de la isla.

Ya en tiempos de la civilización árabe, la ciudad tomó el nombre de Medina Mayurca, y dentro de sus límites, el recinto -o área amurallada- de Almudaina. Dentro de las murallas vivía la clase alta, personal de alto rango del ejército y los judíos. Fuera, en la Medina, el pueblo. Todavía hoy pueden verse algunas de las entradas de la muralla, como el Arco de la Almudaina. Cuando en la Medina había alguna revuelta, estas grandes puertas se cerraban para proteger a las clases altas de cualquier peligro.

Digresión: el nombre Medina, muy común en las ciudades de origen árabe, no significa otra cosa que urbanización, caserío, o barrio. De tal forma, esta palabra dio nombre a ciudades enteras en diferentes lugares del mundo como en Malta, en la misma Arabia Saudí, o sin ir tan lejos, aqui en España, Medina del Campo.

 

La conquista cristiana arrasó la mayoría de las construcciones árabes, e incluso, tal como era habitual, aprovechó las construcciones existentes para erigir sus propios edificios. De esa forma, la actual catedral de Palma se yergue donde estaba la mezquita real, y el palacio de la Almudaina, donde se encontraba el alcázar. Una de las pocas construcciones típicas de esa cultura que aún hoy podemos ver son los baños árabes.

Digresión: la mezquita real ocupaba un tercio de la actual catedral. El resto era el huerto de los naranjos, que estaba entre la mezquita real y el palacio de la Almudaina. La mezquita mayor estaba donde luego se construyó la parroquia de Santa Eulalia.

 

En aquellos años, Palma estaba dividida por un torrente que desembocaba en el puerto de la ciudad. El cauce del torrente es lo que hoy conocemos como las Ramblas, el Paseo del Born y la avenida d’Antoni Maura. Tanto es así que cuando se construyó el Passeig des Born, donde hoy se encuentra la Fuente de las Tortugas, se encontraron restos de embarcaciones y un ancla (a cuatro metros de profundidad). La división natural que creaba el torrente separaba la ciudad en Palma Alta y Palma Baja. En el siglo XV hubieron dos grandes inundaciones, que se cobraron más de 5000 víctimas y entonces se decidió desviar el torrente a su curso actual.

Jaume I organizó la ciudad de Palma en cuatro barrios, construyendo en cada uno una parroquia. San Miguel y Santa Eulalia en la Palma Alta, y San Jaime y Santa Cruz en la Palma Baja. Las cuatro parroquias se construyeron donde, antes de la conquista cristiana, estaban ubicadas las mezquitas árabes, para demostrar supremacía.

Digresión: esta era una práctica habitual en los años de conquista, y tenía un doble beneficio. El económico (aprovechar las construcciones existentes) y el simbólico (despojar a la civilización derrotada de su cultura). La ciudad de Granada es tal vez uno de los ejemplos mejor documentados en este sentido. Por ejemplo, la Universidad de Granada se erigió donde antes de la conquista funcionaba la Madraza (la escuela).

 

Los nombres de las parroquias tenían su razón de ser: Santa Eulalia, por ser patrona de Barcelona; San Miguel, por llamarse Miguel el confesor de Jaime I; Santa Cruz, por provenir el primer obispo de Palma del monasterio cisterciense de Santes Creus, y San Jaime, por Jaime I.

Los avatares de las invasiones de piratas y corsarios en los siglos XV y XVI dieron a la ciudad gran parte de su arquitectura actual: en esos siglos se construyó la muralla baja junto a la catedral, para prevenir los ataques desde el mar, ya que el agua llegaba entonces hasta la propia catedral. De los mismos años datan el Castell de Bellver y Es Baluard. Los piratas traficaban principalmente con esclavos: la estrategia más utilizada era invadir un pueblo y raptar a la mitad de la población, para luego pedir rescate a la mitad del pueblo que dejaban libre. En algunos casos, raptaban a toda la población para venderla como esclavos. Tal fue el caso en Valldemosa, cuando los sarracenos secuestraron a toda la población, o cuando Barbarroja secuestró a todos los habitantes de Ciutadela, en Menorca.

En los años 60, los habitantes de la ciudad de Palma de Mallorca se duplicaron. La planificación urbanística de esos años incluyó la construcción de las actuales explanadas del paseo marítimo. Esto generó un lago artificial, de tal forma que hoy la catedral ha vuelto a reflejarse en el agua, del mismo modo en que lo hacía en el momento de su construcción.

 

De la misma forma que en el pasado piratas, árabes, romanos y cartagineses dejaron su impronta en la isla, dándole su carácter particular y creando una de las principales ciudades del Mediterráneo, en la actualidad, los turistas ingleses y alemanes son las nuevas civilizaciones que llegan a la isla para continuar moldeando su personalidad como legado a las generaciones futuras.

 

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En la próxima entrada: Los patios de Palma, un concepto arquitectónico y cultural.