Sólo sucede dos veces al año y, extrañamente, esas dos fechas del calendario tienen cierta peculiaridad. Uno de esos días es el 2 de febrero.
El otro, el 11 de noviembre. En el calendario litúrgico de la iglesia católica, el 2 de febrero se celebra la Candelaria. El 11 de noviembre, San Martín.
Lo que sucede en estas dos fechas, exactamente a las 8:00 horas CET (Central European Time), es un fenómeno de luz conocido como ‘El espectáculo del Ocho’. Todo sucede dentro de la Catedral de Palma de Mallorca.
Se trata de una catedral de estilo gótico, que tiene dos grandes rosetones: uno en su fachada y otro en su ábside. Como ya hemos comentado en las Postales Indias I, la vinculación de la arquitectura religiosa y el sol es íntima. La Catedral de Palma no es una excepción. Está orientada, según la tradición, de oeste a este. Es decir que su fachada ‘mira’ al oeste, de tal forma que, al amanecer, los rayos del sol entran en el templo a través del rosetón del ábside, el rosetón mayor.
Pero volvamos al fenómeno de ‘El Ocho’. A las 8:00 de la mañana del 2 de febrero se produce la alineación exacta del reflejo del rosetón mayor debajo del rosetón de la fachada, formando una figura semejante a un ocho, de luz y color.
Digresión: la iglesia le ha dado cierta trascendencia a este fenómeno porque, en la tradición cristiana, el número ocho (7+1) tiene un significado particular: es el inicio de una nueva serie, el paso a un nuevo mundo, y la vuelta a la unidad de la que parte. Las pilas bautismales y los baptisterios (antiguamente edificios independientes de los templos) suelen tener forma octogonal: otra vez al agua y el paso a una nueva vida.
Algunos datos sobre el rosetón mayor: construido hacia el año 1370, es uno de los más grandes de la cristiandad y, según se dice, el que tiene la mayor superficie acristalada (aproximadamente 100 metros cuadrados de cristales) y unos 12 metros de diámetro. El rosetón reproduce, en su estructura interna, una estrella de David.
¿Qué sucede los días previos y los días posteriores? El mismo fenómeno, pero ligeramente descentrado. Según se acercan estas fechas, la alineación va siendo cada vez mayor y, una vez han pasado, la figura vuelva a descentrarse paulatinamente, demostrándonos una vez más la rotación de la tierra y el paso del tiempo. A fin de cuentas, no deja de ser otra forma de medir el tiempo: un reloj solar, que sólo nos indica la hora exacta dos veces por año. No está mal, en estos tiempos que vivimos con tantas prisas…